Esther López hija de
Isidoro López, fue testigo del secuestro de sus padres en diciembre del ’75.
Con 14 años tuvo que afrontar visitar el
batallón 181 de Neuquén donde atrás del mismo se encontraba la Escuelita, comisarias,
cárceles federales (U9 de Neuquén y U6 de Rawson) y acompañar a su madre en la búsqueda
de su padre.
Con una declaración cargada de emociones Esther López contó el hecho de la primera detención que sufrieron sus padres. Aquel 16 de diciembre después de salir del colegio, se dirigió a su casa y vio como un operativo allanaba su casa. “Aunque estaba preparada para que ocurriera algo así, me asuste mucho. Pedí que me dejaran ir a estudiar y me escapé, me fui a sacar libros de la casa de la amiga de mi mamá que estaba ese día en casa, los lleve a la casa de mis abuelos y los tire en la letrina” relató la docente Esther López. Ya sabía que en esos tiempos tener libros de política era un acto revolucionario.
La joven llegó a su casa y no se encontraba nadie, “fui a la
comisaria, y mis padres estaban detenidos. Mi madre volvió primero, a los
cuatro días después de que trasladarán a mi padre a General Roca, le dan la
libertad” narró la testigo.
La libertad de Isidro
López no duró mucho tiempo. El 5 de enero del 1976, Isidro es secuestrado en la
vía pública y la búsqueda de su padre comienza.
Con su madre enferma tanto por las torturas que recibió en la
primera detención junto a Isidro como también por causas psicológicas por la
segunda detención de su marido. Tras presentarse todas las semanas en el
comando y con la atención de Farías Barreas quien podría darles noticias de los
traslados y estado de Isidoro López.
La búsqueda continuaba. Esther junto a su madre visitaban a Isidro
López en la U9 donde podían al menos recibir una caricia y un abrazo. “Todo cambió cuando él fue trasladado a
Rawson, ya no podíamos tocarnos, nuestro contacto era por un vidrio y un tubo
de teléfono. Lo vi a mi padre con el cabello mal cortado, como si le hubieran
hecho hachazos. Estaba muy delgado. Fue muy duro verlo así, con el mal trato
que le daban, él trataba de disimularlo. En ese momento pude observar lo que le daban de comer, papas y carne negra. Si bien uno era humilde teníamos dignidad” se
dirigió emocionada al tribunal.
Esther tuvo la oportunidad viajar dos veces a Rawson, la
primera fue acompañada de familiares de victimas detenidas. La segunda vez fue
sola, con la colaboración y solidaridad de los compañeros de trabajo de Isidro López.
En su segundo viaje se encontró en el
camino con un cura de su colegio, la guío para llegar a la cuidad de Chubut. “Me
dijo que iba a hablar con otro cura amigo de él para que se acerque a la cárcel
a hablar y acompañar a mi padre, me enteré que el cura si fue a verlo y le dijo
que se arrepienta de sus pecados” señaló.
“Para navidad esperábamos a mi papá, no llego. Fuimos con mi
mamá a hablar con Farías a la comisaria y nos dijo que él ya había firmado su
libertad el 22 de diciembre. “Vaya saber
donde está metido” les dijo Farías. Mi papá volvió el 28. Y las
consecuencias fueron grabes. Estuvo 10
años sin poder conseguir trabajo, no quería escuchar música, ni tener las
ventanas abiertas. Cambio todo”
declaró la testigo.
La
Visita de Farías
En
el 2007 antes de empezar la primer parte del juicio La escuelita I. Farías Barrera El ex Jefe de
Personal del Comando de la VI Brigada fue
en dos ocasiones a buscar a Isidro López a su domicilio. La primera no lo
encontró y la última vez, lo espero en la vereda de su vivienda. Le pidió a López que salga como testigo en
los juicios y que declare sobre el “buen trato” que tuvo con él mientras estaba
detenido.
Esther acompañaba a su padre cuando Farías hablaba
con su padre. Ella le pidió a Farías que se retire y lo amenazó que si no lo hacía
comenzaría a gritar.
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