El periodista Carlos Alberto Galván fue quien inició las declaraciones del día de ayer en marco del segundo tramo del Juicio por Delitos de Lesa Humanidad en la Región, conocido como “La Escuelita II”. Relató el incidente de la madrugada del 16 de agosto del 76’, cuando regresaba en auto a su domicilio, desde su trabajo en Neuquén. En inmediaciones al puente carretero, un vehículo se le adelantó a alta velocidad y divisó al poco tiempo a un hombre corriendo, como viniendo de Cipolletti a Neuquén, de musculosa y pantalón blanco. “Como tenía una credencial de prensa, frente al destacamento un policía me detiene muy nervioso y me dice que detuvieron a un hombre a quien habían tirado de un automóvil y que había que llevarlo al hospital. Entro al destacamento y lo veo a éste hombre hablando por teléfono con la voz muy quebrada. Se le notaba muchos raspones y que no era un atleta, sino que estaba en calzoncillos y musculosa.” Como su auto estaba con desperfectos mecánicos, Galván se ofrece a parar un auto para que lo lleve al hospital, pero policía lo consigue rápidamente.
Al día siguiente, Galván regresa al destacamento policial para averiguar sobre el paradero del sujeto que había visto, pero no se encontraba el policía que lo había atendido. Se dirigió al hospital de Neuquén y al no haber registro alguno le pregunta a unos pacientes quienes les aseguran que después de las curaciones que le hicieron a aquel hombre, habían llegado unas personas y se lo llevaron.
El 6 de setiembre Galván recibe una amenaza telefónica en su vivienda: “dejate de joder publicando cosas. Carlitos, Julieta y Panchito -sus hijos- siguen jugando. Fijate si un auto te estampa un chico contra la pared como una mariposa”. Le comentó éste episodio al comisario Antonio Casal, y esa misma noche, su mujer y sus hijos salieron en tren rumbo a Buenos Aires. Días después él partió al exilio y no volvió hasta 1982. Ya en 1984, se presentó Rubén Ríos cuando Galván ya estaba trabajando como jefe de redacción del diario. El relato sobre su detención y su fuga coincidían con lo que él ya conocía.
A su vez, el periodista sostuvo que la prensa por aquellos años fue cómplice de los militares y genocidas, a cambio de créditos fáciles. Apuntó que los grandes diarios “diversificaron absolutamente su producción, como Clarín que dejó de ser un diario. Son grupos económicos. Antes, siendo solamente diarios tenían una sola causa para defender, que era la libertad de prensa y la libertad de expresión. Al diversificarse comenzaron a defender sus propios intereses”.
Silvia Beatríz Bottinelli continuó las declaraciones del día. Silvia fue secuestrada en septiembre del 76’ por seis personas de civil armadas, que tocaron la puerta de su domicilio al grito de “Policía Federal”. Junto a ella fue detenida su pareja, Luis Genga , su hermana María Cristina y Jorge Villafañe.
“Cuando Genga salió del secuestro estaba muy golpeado, con la nariz despellejada producto de la venda, no podía levantar mucho los brazos y tenía escaras en la piel”, explicó. En cuanto a su hermana exiliada, ya fallecida en el 2009, comentaba: “Cristina tubo después del secuestro tres lesiones cerebrales. No se terminó de recuperar nunca de eso. La parálisis facial se pudo arreglar de alguna forma, pero siempre le quedó su boca hacia un lado”. En el 2000 María Cristina, ya no podía volar en avión por orden médica, porque la altura podía afectarle las lesiones cerebrales.
“Mi hermana no pudo llegar a declara porque la justicia es lenta. Ella murió en el exilio. Con mi declaración quiero reivindicar su nombre y pedir justicia. Ella estaba en México, a la espera de este juicio”, concluía Silvia.
Roberto Aurelio Liberatore, fue el tercero en brindar declaraciones. Roberto era delegado gremial en la empresa INDUPA en Cinco Saltos y había sido expulsado luego de reclamos laborales. En septiembre del 76’ fue detenido en el domicilio de sus padres. “Cae el patrullero, se baja el comisario Galera, me dice que me tienen que hacer unas consultas en la comisaría. Cuando llegué, en una oficina el comisario le pidió a un policía que me sacara los cordones, el cinto y quedé incomunicado”. Cuando fue llevado a la comisaría de Cipolletti, reconoció a Camarelli y Quiñones. “Yo estaba en el fondo del pasillo cuando lo vi pasar un par de veces. Camarelli estaba de civil, entraba y salía de oficinas”, explica. Nadie sabía por qué estaba ahí, hasta que tres hombres de civil lo introducen en una sala a empujones y golpes, lo sientan en una silla donde lo esposan y vendan. Uno de ellos era Quiñones.
Liberatore fue llevado a La Escuelita donde padeció torturas atroces. “Desde la primer noche me golpearon. Me tiraron al piso, me pateaban, todos se reían, me arrojaron un balde de agua, pasaban por arriba mio. Así hasta la mañana donde me tiraron a un catre”, comentaba.
En todo momento sufría golpes: "me pateaban en los testículos cada vez que pedía ir al baño. Otra vuelta, mientras estabamos en las sesiones de 'hacer hablar', que me picaneaban insulté a quien me amenazaba con traer a mi beba allí. Esa vez me llevaron a una pieza donde comenzaron a pegarme con un martillo en los dedos. Otro día me tuvieron colgando del techo porque decían que no estaba colaborando. Aun hoy tengo las marcas de las esposas en las muñecas”, explicaba Roberto.
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