jueves, 14 de junio de 2012

Cierre de la jornada: Tomasevich y Molina Ezcurra

Francisco Tomasevich fue una de las víctimas del Operativo Cutral Co, y vino desde Suecia, donde reside desde que se fue al exilio. Comentó que en el día de la fecha se cumplía exactamente 30 años de ser secuestrado de su casa en Plaza Huincul. Había sido
delegado gremial de la UOCRA en la empresa Mckee Techint. El día del secuestro, fuerzas del Ejército Argentino uniformadas y de la policía de Neuquén, movilizados en vehículos militares, ingresaron al domicilio de la víctima en Cutral Có, previo golpear la puerta al grito de Ejército Argentino. Cuatro personas de uniforme militar con armas largas sacaron a Tomasevich, quien estaba a medio vestir y lo llevaron hasta la Comisaría Cuarta de esa localidad. “Allí me vendaron los ojos y comenzaron a aplicarle golpes y descargas eléctricas en distintas partes del cuerpo. Me querían acusar de querer hacer volar la destilería de Huincul. Me preguntaban varias personas, no por nadie en particular. Eso parecía una eternidad”, explicaba. Luego lo subieron a un celular dentro del cual un policía le retiró las vendas, en el vehículo había otras víctimas en su misma situación.

Un día fue sacado del calabozo para reconocer una chacra en Cipolletti: “pasó cuando recién había llegado. Había una casona, pensé que me llevaban para hacerme boleta. Dos hombres de civiles me llevaron, uno se hacía el pesado, el guapo. El otro se hacía el bueno. Vemos pasar un tractor por el lugar, y solo me intimidaron y me llevaron de vuelta a la Unidad 9”.
El 7 de julio de 1976 fue puesto a disposición del PEN mediante Decreto Nº 1235657. Quedó alojado en el pabellón de presos políticos de la U9 hasta que fue trasladado a la U6 de Rawson el 9 de septiembre de ese año.  “Allí, en el pabellón 5 nos verdugueaban, golpeaban y requisaban siempre. Algunos compañeros comenzaban a delirar, enfermarse, había chinches. Si  uno hacía un mal movimiento te encerraban en el calabozo y cuando todos salian al recreo, venía la requisa donde te desnudaban y apaleaban, te tiraban todo y rompían todo”.
“No tienen perdón, eran bestias. La misión de ellos era destrozarnos. La nuestra sobrevivir. Nosotros nos organizábamos. Habían médicos, psicólogos, había muchos profesionales. Nos ayudábamos y así pudimos sobrevivir”, expresaba Tomasevich.

Quien culminaba las testimoniales del día fue Jorge Eduardo Molina Ezcurra, el imputado en este segundo juicio que ya fue condenado en 2008 con 21 años de prisión. Cuestionó la autenticidad del denominado Plan del Ejército Contribuyente al Plan de Seguridad Nacional. El mismo fue incluido en la instrucción de este juicio y se tuvo en cuenta para la sentencia del año 2008.  “Este documento me fue entregado por mi abogado defensor, Corigliano, en el 2011 para que lo considere si era falso o verdadero. Hoy, treinta y seis años después, tenemos que tratar de aclarar estos documentos”, señalaba.
Aseguró que “es extenso, poco claro, de difícil lectura y comprensión. Es un documento apócrifo, no es real. Se mantuvo en absoluto secreto, nunca fue firmado porque nadie quería involucrarse en ser responsable de un golpe de un estado democrático, y en consecuencia nunca se transformó en una orden”. Consideró que dicho escrito fue redactado después de los hechos por personal militar no muy actualizado, pero que habían vivido la época y sabían de las órdenes impartidas. 

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