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| Noemí Labrune recibiendo el título junto al rector Gustavo Crisafulli |
Habrá Noemí para rato. Porque lo que ella sembró no será
fácil de destruir. Puso el alma, el cuerpo, la cabeza y su corazón en la lucha
por la verdad, la justicia y la memoria, y ayer el pueblo se lo reconoció. No hay
homenaje que logre estar a la altura de su legado. Las oleadas de aplausos
interminables durante un acto en el que la temperatura corporal y la afectuosa
llenaron el salón denominado casualmente Salvador Allende, fueron ejemplo de
esa cosecha.
Es que ayer, cuando caía la noche, Noemí Labrune, o Noe, recibió el más alto reconocimiento que puede otorgar una universidad pública y nacional, el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional del Comahue. Tras un extenso recorrido histórico, donde las diferencias políticas-partidarias quedaron a un lado porque lo importante es la causa, Labrune se alzó con su merecido nombramiento.
Ella, que nunca pregonó sobre sus particularidades en público porque los 30 mil estuvieron primero, no dudó en demostrar la felicidad de un reconocimiento, que si bien el protocolo simplista lo reduce a un certificado y una medalla, el cantar de la multitud presente selló el afecto y la militancia del Alto Valle. Como no podía faltar, los pueblos originarios bailaron y cantaron a su hermana que en tantas oportunidades luchó para defender sus tierras, su lengua y su cultura.
Ella, que nunca pregonó sobre sus particularidades en público porque los 30 mil estuvieron primero, no dudó en demostrar la felicidad de un reconocimiento, que si bien el protocolo simplista lo reduce a un certificado y una medalla, el cantar de la multitud presente selló el afecto y la militancia del Alto Valle. Como no podía faltar, los pueblos originarios bailaron y cantaron a su hermana que en tantas oportunidades luchó para defender sus tierras, su lengua y su cultura.
“Noemí Fiorito de Labrune es Noemí a secas. Un nombre que se ha escrito en la mejor página de la peor historia. Una mujer pequeña que se vuelve enorme a los ojos de todos, en particular a los ojos de los responsables del genocidio, de sus defensores, incluso de sus publicistas”, detalló perfectamente Beatriz Gentille, decana de Humanidades.
Que mejor descripción de una mujer que, con voz tranquila y caminar apurado, logró marcar el camino de todos, incluso el de los jóvenes que hoy en día consiguen distraerse con facilidad de lo verdaderamente importante.

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