El jueves por la
mañana declararon los ex soldados del batallón 181. Luis Albornoz enfermero y José
Bravo músico de la banda del ejercito. Con sus testimonios pocos memoriosos, y
con varias contradicciones de parte de Albornoz según su primera declaración en
el juicio Escuelita I en el 2008. Por petición de la querella del Ceprodh, se
solicitó que se extraigan las declaraciones para investigarlo por falso
testimonio.
Luis Albornoz
prestó servicio como enfermero general
en el batallón del 1974 al 1983. Su función según su declaración era personal
militar de sanidad atendía a personas enfermas tanto soldados como familiares
de soldados o el que llegara. También fiscalizaba el alimento que se
proporcionaba al personal. La enfermería se ubicaba en la parte de adelante del
batallón 181 de Neuquén, y no tenia contacto con la Escuelita ya que se encontraba
a 500 metros, remarcó.
“Por comentarios
sabia que existía la Escuelita un lugar de detención, no se que pasaba ahí, no
conozco, no fui nunca porque no podíamos, si de lejos la vi” respondió nervioso Luis Albornoz.
Con irrelevancias y contradicciones en su testimonio Albornoz
nombró a sus superiores, el General Enrique Olea, el jefe de Sanidad de la
Brigada Hilarión de la Paz Sosa (ambos imputados en el Juicio del 2008), y el
medico Raul Lopéz Prumen.
“El Dr. Sosa un día llegó a la enfermería y me pidió Colirio y dijo ‘tengo que ir para el fondo, tengo uno con conjuntivitis’. Pero
pudo ir a cualquier lugar del fondo del batallón era grande” señaló el ex
enfermero militar.
También pudo relatar su participación en un operativo de la
calle Carlos H. Rodríguez y Buque Roldan de la cuidad de Neuquén. “Me hicieron
ir en la ambulancia, pensé que era un operativo de rutina, de verificación de DNI.
La ambulancia no era frecuente que saliera. El medico de servicio la disponía. Era
de madrugada muy temprano a la mañana, me llamó la atención que entraron a una
casa y afuera salió una nena chiquita con su mamá. Pero por comentarios supe
que no fue de verificación de DNI” cerró.
El fiscal Groso le preguntó si podía ver la Escuelita desde
la tranquera, pero José Bravo respondió que el lugar estaba tapado con yuyos,
que no se podía ver nada, solo se alcanzaba a ver la torre y la terraza de la Escuelita.
“Sé de la existencia de la Escuelita por comentarios de personas
que cuidaban a gente. El personal variaba cada dos o tres semanas.” Respondió.
A 200 metros de la Escuelita el músico militar ensayaba por
las mañanas con la banda del ejército. José Bravo al finalizar su testimonio indicó
“Vi pasar autos a La Escuelita y me llamó
la atención un Falcón blanco que estaba unos 20 o 30 minutos. Todas las semanas
pasaba lo mismo” .
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