viernes, 29 de junio de 2012

La nebulosa memoria de los ex militares


El jueves por la mañana declararon los ex soldados del batallón 181. Luis Albornoz enfermero y José Bravo músico de la banda del ejercito. Con sus testimonios pocos memoriosos, y con varias contradicciones de parte de Albornoz según su primera declaración en el juicio Escuelita I en el 2008. Por petición de la querella del Ceprodh, se solicitó que se extraigan las declaraciones para investigarlo por falso testimonio.

Luis Albornoz prestó servicio como enfermero general en el batallón del 1974 al 1983. Su función según su declaración era personal militar de sanidad atendía a personas enfermas tanto soldados como familiares de soldados o el que llegara. También fiscalizaba el alimento que se proporcionaba al personal. La enfermería se ubicaba en la parte de adelante del batallón 181 de Neuquén, y no tenia contacto con la Escuelita ya que se encontraba a 500 metros, remarcó.
“Por comentarios sabia que existía la Escuelita un lugar de detención, no se que pasaba ahí, no conozco, no fui nunca porque no podíamos, si de lejos la vi”  respondió nervioso Luis Albornoz.


Con irrelevancias y contradicciones en su testimonio Albornoz nombró a sus superiores, el General Enrique Olea, el jefe de Sanidad de la Brigada Hilarión de la Paz Sosa (ambos imputados en el Juicio del 2008), y el medico Raul Lopéz Prumen.
“El Dr. Sosa un día llegó a la enfermería y me  pidió Colirio y dijo ‘tengo que ir para el fondo, tengo uno con conjuntivitis’. Pero pudo ir a cualquier lugar del fondo del batallón era grande” señaló el ex enfermero militar.

También pudo relatar su participación en un operativo de la calle Carlos H. Rodríguez y Buque Roldan de la cuidad de Neuquén. “Me hicieron ir en la ambulancia, pensé que era un operativo de rutina, de verificación de DNI. La ambulancia no era frecuente que saliera. El medico de servicio la disponía. Era de madrugada muy temprano a la mañana, me llamó la atención que entraron a una casa y afuera salió una nena chiquita con su mamá. Pero por comentarios supe que no fue de verificación de DNI” cerró.

José Bravo ingresó al comando en el ’78 y estuvo en el servicio como músico de la banda del ejército hasta el 2001. También recibía órdenes con una nota del personal que iba a almorzar a diario. “Algunas veces le hacían agregar dos o tres comensales mas de la cuenta para comer en la escuelita. Tenia que dejar la vianda en el alambrado que tenia tranquera para el personal que había. Estaba prohibido pasar, decía un cartel” Declaró José Bravo.
El fiscal Groso le preguntó si podía ver la Escuelita desde la tranquera, pero José Bravo respondió que el lugar estaba tapado con yuyos, que no se podía ver nada, solo se alcanzaba a ver la torre y la terraza de la Escuelita.  
“Sé de la existencia de la Escuelita por comentarios de personas que cuidaban a gente. El personal variaba cada dos o tres semanas.” Respondió.

A 200 metros de la Escuelita el músico militar ensayaba por las mañanas con la banda del ejército. José Bravo al finalizar su testimonio indicó “Vi pasar autos a La Escuelita y me llamó la atención un Falcón blanco que estaba unos 20 o 30 minutos. Todas las semanas pasaba lo mismo”

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