Hace
35 años, 14 mujeres cuyo oficio central había sido el de madres y amas de casa,
se encontraron en la Plaza de Mayo. Era sábado, no había casi nadie, pero allí
nacía uno de los movimientos sociales más importantes de la historia. Frente al
horror en estado puro, la desaparición de sus hijos, lograron lo que parecía
inconcebible: transformaron el dolor en acción.
Mientras
esperaban que las atendiera el párroco de la Iglesia Stella Maris, una de las
Madres que estaba allí, Azucena Villaflor de Vicenti dijo: "
individualmente no vamos a conseguir nada ¿porqué no vamos todas a la Plaza de
Mayo y cuando seamos muchas, Videla tendrá que recibirnos ". Así fue como
el 30 de abril acudieron a la plaza las 14 Madres que habían estado en la
iglesia: Azucena Villaflor de Vicenti, Berta Braverman, Haydée García Buelas,
María Adela Gard de Antokoletz, Julia Gard, María Mercedes Gard y Cándida Gard
(4 hermanas), Delicia González, Pepa García de Noia, Mirta Baravalle, Kety
Neuhaus, Raquel Arcushin, Sra. de Caimi y una joven que no dio su nombre.
Desde
entonces, comenzaron a congregarse cada jueves alrededor de la Pirámide de
Mayo, en la plaza del mismo nombre, situada frente a la casa de gobierno.
Inicialmente se reconocían entre sí llevando un pequeño clavo, luego decidieron
cubrirse el cabello con un pañal de tela.
La
presencia de las Madres era conocida por comentarios de boca en boca, puesto
que así como no existían los "desaparecidos" para la prensa, tampoco
existían las Madres.
Ellas
permanecían en grupo y de pié sin caminar. Fueron los propios policías que
custodiaban la plaza quienes les indicaron que marcharan de a dos porque como
el país estaba bajo Estado de Sitio estaban prohibidos los grupos de tres o más
personas.
Como
ayer y hoy, Las Madres de Plaza de Mayo son el ejemplo de la búsqueda
permanente e inagotable de la verdad, de la lucha, del esfuerzo y el reclamo de
justicia.
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